Un apretado cuadro de frustraciones, cambios, expectativas no cumplidas, miedo y agobio ante la pandemia, en el que el Gobierno intentó una reforma tributaria que subía los impuestos. La reacción la conocemos por la prensa. Las movilizaciones han agregado nuevos puntos a la agenda, imposibles de soslayar si se piensa en una solución: la investigación de los muertos y heridos de estos días, la responsabilidad política e institucional de todo ello, un examen a fondo de la Policía Nacional, principal responsable de las bajas, según primeros informes. Aquí cinco tesis sobre la crisis.

Colombia es sacudida desde hace días por masivas movilizaciones. Su origen puntual fue el rechazo a una reforma tributaria que el Gobierno propició. En forma súbita, miles de manifestantes se lanzaron a las calles a protestar. Todo en medio de un difícil momento de la pandemia, que ya lleva más de un año.

Las protestas no han cesado y hace rato que el presidente, Iván Duque, retiró el proyecto y que el ministro de Finanzas renunció. Pero la protesta continúa, con más de una veintena de víctimas, ciudades semiparalizadas, tomas de calles y caminos, carnavales pacíficos en el día, junto a graves incidentes en las noches, que incluyen asaltos a retenes policiales. Por cierto, denuncias de violencia policial y de militarización de las ciudades y preocupación de la comunidad internacional.

A estas alturas, debemos asumir que, si la reforma tributaria fue la chispa, se impone evaluar por qué la pradera estaba tan seca, que permitió su incendio. Dada la cercanía de los hechos, solo podemos sugerir algunos factores que explicarían la actual crisis colombiana.

Frente a esto, acá cinco tesis sobre la crisis.

 

1. El fin de la guerra

En los años precedentes, Colombia asistió al final del proceso de paz, con la firma de los acuerdos entre el Gobierno del entonces presidente Santos y las FARC. Se puso término al conflicto interno más prolongado de América Latina. La firma de la paz no fue una perita en dulce. Para empezar, el referendo convocado para ratificar los acuerdos fue rechazado y, si bien luego se destrabó la aprobación, la implementación fue lenta y tortuosa, hasta la fecha. Pero terminaron los combates, las FARC dejaron las armas y se incorporaron a la política como partido, donde hay que decir que a la fecha sus resultados han sido pobres. Naciones Unidas supervisó el proceso. El conflicto armado concluyó en lo fundamental.

El nuevo escenario provocó cambios en el sistema. Así como se desmovilizaron las FARC, también empezó a perder fuerza el discurso duro que explicaba todos los males del país por la presencia guerrillera. Este tipo de posiciones fue liderada por expresidente Uribe, que gobernó con mano férrea el país a inicios de siglo y conformó un partido, el Centro Democrático, que logró instalar al actual presidente Duque en el poder.

En un plano más subjetivo, la paz generó diversas y fuertes expectativas. Para un sector del país el fin de la guerra y la guerrilla iba a generar un escenario propicio para dar un gran salto al desarrollo, para otros la paz implicaría el fin de la violencia y los abusos, la alegría ya venía. Cómo resultó el proceso después de algunos años, lo veremos más adelante, lo que destacamos acá es que imperceptiblemente el fin de la paz abrió espacio para una reformulación de la política y estimuló muchas expectativas.

2. La persistencia de la violencia y la desigualdad

La firma de los acuerdos facilitó la desmovilización del grueso de las tropas farianas. A lo largo de la guerra, las FARC fueron construyendo un verdadero Estado guerrillero en las zonas bajo su control, ubicadas en las regiones más apartadas, montañosas y selváticas del vasto territorio colombiano. En esas zonas las FARC ejercían el gobierno, administraban justicia, cobraban impuestos, mantenían el orden. Al desmovilizarse y concurrir a los lugares de concentración, esos territorios fueron ocupados por las disidencias que nunca se unieron al proceso de paz, como el Frente 1 del Guaviare, comandado por Gentil Duarte. Además de estas disidencias, a las zonas vacías acudió el Ejercito de Liberación Nacional. En los territorios que desocuparon los más de 60 frentes de las FARC también se instalaron diversos grupos armados del narcotráfico: los Rastrojos, el Cartel del Golfo, los Pelusos, entre otros, buscando controlar fronteras y corredores para sacar la droga. En otras palabras, se instalaron todos, menos el Estado.

La violencia recrudeció por el control territorial. Perdura hasta la fecha, incluso varios de estos grupos incursionan y operan fuera de las fronteras, invadiendo territorios de Venezuela y Ecuador, donde se instalan corrompen, extorsionan y establecen todo tipo de alianzas que les faciliten su operación. A ellos se sumó la disidencia encabezada por el negociador de paz Iván Márquez, acompañado por el Paisa, jefe de las tropas especiales de las FARC, quienes abandonaron el proceso de paz y se realzaron y se identifican como FARC, Nueva Marquetalia.

Pero la violencia no es el único factor que perduró. También lo hizo la profunda desigualdad social que impera desde hace mucho en Colombia, como en tantos otros países de nuestra región. Según datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (DANE), el 42,5% de la población colombiana se encontraba en condición de pobreza el 2020, un incremento de 6.8% en relación con 2019. Es decir, 21,02 millones subsisten con menos de 331,668 pesos mensuales (hoy el dólar se cambia a 3.800 pesos aprox.)

3. Pandemia no controlada

Colombia, al igual que el resto de la región, padece desde hace más de un año la pandemia del COVID-19. Las cifras al día de hoy son duras: casi tres millones de contagiados y más de 76 mil fallecidos. El ritmo de vacunación es bajo, a la fecha –según datos del MinSalud– hay cerca de 5 millones de vacunados, de los cuales 1.5 lo están con doble dosis. A fines de abril, las autoridades planeaban intensificar sus esfuerzos y llegar a los 9 millones de vacunados para fines de mayo, lo que obviamente será difícil en el actual cuadro.

Los colombianos, como la mayoría de los latinoamericanos, están agotados de la cuarentena, perjudicados por la recesión, especialmente los trabajadores informales. Un horizonte de pandemia interminable agobia a la población.

4. Agotamiento temprano del proceso de paz

La paz llegó, la mayoría de los guerrilleros y milicianos de las FARC, aproximadamente unos 12.000 combatientes, se acogieron al proceso. Pero el proceso empezó a ralentizar, los compromisos asumidos por el Estado en materia de apoyos a los excombatientes, regularización de tierras, y otros pactados en las negociaciones, se cumplieron parcial y lentamente y algunos derechamente no se cumplieron. Al asumir el Gobierno del presidente Duque, la desafección se incrementó, con un fuerte cuestionamiento de las autoridades hacia los mecanismos y potestades pactadas en la Justicia Especial para la Paz.

Pero lo peor es la gran cantidad de asesinatos de dirigentes sociales, líderes de derechos humanos, representantes de desplazados y víctimas, desde el fin del conflicto. Casi medio millar desde la firma de los acuerdos, a los que hay que agregar cerca de 200 excombatientes desmovilizados, la inmensa mayoría de ellos por sicarios, todo con una amplia impunidad.

¿Fue un fracaso el proceso? Es temprano para dar un juicio categórico, pero es evidente que no todo lo que se pactó en las largas conversaciones en La Habana se cumplió. Sí se cumplió lo fundamental: el fin de las acciones armadas, el desarme de la guerrilla y su transformación en partido político. Una parte no medible de los desmovilizados volvió al monte, principalmente a la Nueva Marquetalia.

5. Recomposición de la representación política

La Colombia del posconflicto mantuvo algunas tendencias históricas, como la desigualdad social, pero también impactó en la política. Durante buena parte del siglo XX, el clivaje liberales vs. conservadores perduró, pero el auge de la guerra a fin del siglo pasado posibilitó la emergencia de un nuevo clivaje, donde el uribismo se ubicó con fuerza vs. el resto. El fin de la guerra libró del problema que a la socialdemocracia colombiana le creaban las FARC –algo parecido a lo que en su momento le creó Sendero a la izquierda peruana– y, a su vez, fue dejando con poco proyecto al uribismo.

El presidente Duque está a poco más de un año de terminar y se perfilan los presidenciables, donde destaca Gustavo Petro, exmilitante del M19, del izquierdista Polo Democrático después, exalcalde de Bogotá. Las encuestas le dan un 30% de apoyo y lo sigue, con casi la mitad, el centrista exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo. La derecha de Centro Democrático pierde terreno y lo más probable es que eso se acentúe con estas movilizaciones. La alcaldía de Bogotá la ganó Claudia López, quien no oculta su condición de lesbiana. Las FARC han tenido un misérrimo resultado electoral. Continuidad y cambio en la Colombia de posguerra.

A modo de conclusión

Fue en este apretado cuadro de frustraciones, cambios, expectativas no cumplidas y miedo y agobio ante la pandemia, en el que el Gobierno intentó una reforma tributaria que subía los impuestos. La reacción la conocemos por la prensa. Las movilizaciones han agregado nuevos puntos a la agenda, imposibles de soslayar si se piensa en una solución: la investigación de los muertos y heridos de estos días, la responsabilidad política e institucional de todo ello, un examen a fondo de la Policía Nacional, principal responsable de las bajas, según primeros informes. Agreguemos que también hay heridos y fallecidos entre los uniformados.

El Gobierno ha convocado a un cronograma de diálogo, demasiado largo ante la urgencia y gravedad de los hechos. El Congreso cita al ministro de Defensa a dar explicaciones, los dirigentes sociales condicionan el diálogo al cese de la represión, el Gobierno convoca al cese de toda violencia. Los desórdenes, en especial las tomas de carreteras y calles, están provocando escasez y desabastecimiento, lo que agrava el drama de la pandemia. La economía obviamente sufrirá más. .

En suma, la crisis está en pleno desarrollo, su curso es incierto y llama a que todos los involucrados construyan con rapidez una salida. De lo contrario, están dadas las condiciones para una profundización. Qué decir si la crisis persiste y sus consecuencias económicas, sociales y migratorias. Al lado de una Venezuela ya en crisis hace años, con un mundo andino convulsionado y un Brasil donde la pandemia contagió todo.

 

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