Sobra decirlo: Alain Resnais fue precursor de la Nueva Ola francesa y una figura fundamental para la Rive Gauche, además es uno de los cineastas más importantes de la cinematografía mundial al pertenecer a una camada de cineastas que, en un momento de ruptura histórico, añadieron nuevos estilos.

Nacido en 1922 en Vannes, Francia, Resnais inició su carrera con un interés genuino en las historias cortas. Antes de debutar en la realización de largometrajes con Hiroshima mon amour (1959), hizo una veintena de cortometrajes, algunos especialistas consideran que su producción fue más extensa pues, al parecer, mucho material fue destruido por orden expresa del director. Estos primeros ejercicios permiten vislumbrar el camino que tomaría el cine de Resnais: el montaje, las rupturas en la narración, la importancia de la fusión entre texto e imagen, etcétera. Ya lo diría Jean-Luc Godard: “Si el cortometraje no hubiera existido, probablemente Resnais lo habría inventado”.

A continuación, una selección de cortometrajes realizados por el director francés.

Van Gogh (1948)
Premiado en 1950 con el Oscar a Mejor Cortometraje, Van Gogh es uno de los primeros cortometrajes reconocidos abiertamente por Resnais. A partir de este trabajo hará equipo con Robert Hessens, el productor Pierre Braunberger y el guionista Gastón Diehl.

 

Gaughin (1950)
Segundo cortometraje con colaboración de Diehl y Braunberger, Gauguin reafirma la convicción de romper con estructuras cinematográficas establecidas al presentarnos la obra del pintor a través de textos del propio Gaughin y la fotografía en blanco y negro de Henry Ferrand. A diferencia de Van Gogh, en Gauguin comienza a notarse la importancia de la música (en manos de Darius Milhaud), un elemento fundamental para su siguiente cortometraje.

 

Guernica (1950)
La pintura de Picasso es el punto de partida para explorar diversos acontecimientos históricos. Una lectura a profundidad sobre la condición humana, que sólo Resnais, con voz y poemas de Paul Elouard, podría lograr. Para Matei Chihaia “[…] no se trata de un documental sobre una obra particular o de una biografía del artista, sino de una ficción cinematográfica, una dramatización cuyos papeles se distribuyen entre las obras de Picasso”.

 

Noche y niebla (1955)
Con guión de Jean Cayrol y Chris Marker, Noche y niebla es un collage de imágenes en blanco y negro considerado una de las primeras obras artísticas que aborda frontalmente los horrores de la invasión nazi, y en donde Resnais, además, pone sobre la mesa el papel de la responsabilidad colectiva y compartida de toda Europa.

Toda la memoria del mundo (1958)
Una mirada al funcionamiento de la Biblioteca Nacional de París que, lejos de sólo ser un producto audiovisual didáctico, es un ejercicio cinematográfico que ejemplifica el amor y el respeto de Resnais por las letras y la importancia de la memoria. Una serie de guiños a sus gustos e intereses y a sus colaboradores Varda y Marker. Será el trabajo predecesor de su primer largometraje Hiroshima mon amour (1959) y la exploración de grandes espacios como en El año pasado en Marienbad (1960).

 

El canto del estireno (1958)
Un trabajo muy similar a Toda la memoria del mundo, en este cortometraje Resnais cumple el encargo de la Sociedad Industrial Péchiney de la filmación del proceso de fabricación del plástico sintético, un material de trabajo poco atractivo que el director francés transforma en una fusión de colores y texturas, que son acompañados de los textos del escritor Raymond Queneau.