La justicia ha inculpado por presuntos delitos de terrorismo y proyecto de golpe de Estado a una docena de personas de ultra derecha violenta, a caballo entre el delirio apocalíptico y las teorías conspiracionistas contra el gobierno ‘genocida’ de Emmanuel Macron.

La justicia ha decidido intervenir, tras un informe de la muy oficial Dirección General de la Seguridad Interior (DGSI, espionaje nacional), reconstruyendo muy minuciosamente un proyecto de toma del palacio del Elíseo, asesinato o secuestro de Emmanuel Macron y consumación de un golpe de Estado. Tan delirante proyecto había sido concebido por un personaje equívoco, Rémy Daillet (57 años), padre de siete hijos, presentado por la DGSI como una suerte de ‘gurú inquietante’, ‘seductor’, ‘conspirador temible’, implicado en varios casos de delincuencia común grave.

La DGSI decidió intervenir con celeridad tras un rosario de comunicados de los presuntos dirigentes de una misteriosa ‘Operación Azul’, cuyo proyecto de golpe de Estado era presentado con esta frase: «Es ineluctable que el pueblo termine derrocando a un gobierno genocida».

El tono perentorio, apocalíptico y decididamente delirante comenzó por ser percibido como una historia de locos. Tras varias semanas de investigación policial, la DGSI terminó descubriendo que varias decenas o centenares de personas, policías, militares, abogados, médicos participaban en el proyecto de golpe de Estado.

Según las filtraciones oficiosas de la DGSI, Rémy Daillet y su primer círculo de fieles habrían montado un proyecto entre delirante y muy preciso, acumulando armas y explosivos no siempre artesanales, organizando unidades paramilitares pertrechadas cor pistolas y fusiles. Unas 300 personas habrían sido fichadas por las fuerzas de seguridad del Estado, en París y provincias. Militares jubilados o en excedencia habrían comenzado a impartir cursillos intensivos de preparación a la lucha armada con fines golpistas.

No es la primera vez que la DGSI descubre y desmantela un grupúsculo de extrema derecha violenta. Quizá sea la primera vez que un grupúsculo apocalíptico, capitaneado por un gurú de manicomio, concibe un proyecto de golpe de Estado.

Más allá de la anécdota, el descubrimiento de la DGSI y la inculpación de una docena de personas, sospechosas de peligrosas tentaciones apocalípticas ilustra la deriva mental de una parte muy minoritaria pero significativa de la sociedad francesa, víctima de ataques de angustia de muy diversa naturaleza.