La renovación del ciclo gregoriano se presta siempre para parar la pelota y esbozar balances que trasciendan la vorágine informativa. Una primera lectura del 2021 latinoamericano ratifica el reimpulso de los proyectos progresistas –aún sin grandes niveles de articulación regional– en el marco de un ciclo político caracterizado por la volatilidad, sin un claro bloque hegemónico estabilizado. Va entonces un repaso (arbitrario, acotado) de los siete hechos que marcaron los últimos 365 días.

1-Chile hacia la refundación

El año cierra con una bocanada de aire fresco por el contundente triunfo de Gabriel Boric y el alivio por el freno al ultraderechista José Antonio Kast. Un mojón que reencauzó las esperanzas de cambio paridas con el estallido de 2019 y que –como no eran 30 pesos sino 30 años– significó un cachetazo a las dos coaliciones que gobernaron la posdictadura.

Quien será el presidente más joven de la historia chilena simboliza la cristalización de una generación que irrumpió en 2011 y que tiene buena presencia en la Convención Constitucional, el escenario clave en esta era de transición que vive Chile. Seguramente Boric impulse avances en agendas sociales y de género; el gran dilema es si se animará a zamarrear los cimientos del modelo neoliberal, a conectar con las demandas de la revuelta que tumbó la Constitución pinochetista.

2-¿Un Castillo de ilusiones?

 

Perú también cortó en 2021 el hilo histórico de gobiernos conservadores. La sorpresiva victoria del maestro rural Pedro Castillo (para la primera vuelta las encuestas lo daban séptimo), desde un pequeño partido de izquierda, abrió una gran expectativa: por primera vez llegaba a la presidencia un representante del mundo andino-amazónico, del Perú profundo siempre marginado y despreciado. Pero en sus primeros cinco meses apenas si pudo conformar su gabinetejaqueado por el permanente boicot en el Congreso. Castillo cedió a la presión y fue cambiando a una docena de ministros, lo que derivó en la ruptura con Perú Libre, el partido con el que ganó la elección.

Por ahora no avanzó en reformas importantes ni planteó la vía hacia una Asamblea Constituyente, su principal promesa de campaña. Tampoco dio grandes señales en política exterior. El futuro dirá si su giro a la moderación decanta en claudicación o si se trata de un movimiento táctico para lograr gobernabilidad ante el insaciable acecho de los poderes fácticos.

3-Insurrección a la colombiana

El proceso de protestas más intenso del año se dio en Colombia. El 28 de abril, centrales obreras convocaron a un paro nacional contra una regresiva reforma tributaria y con los días eran cientos de miles en las calles de todo el país sumando múltiples reclamos. El gobierno dio marcha atrás pero las manifestaciones siguieron durante un mes pese a la feroz represión que dejó más de 70 manifestantes asesinados.

La espiral de violencia estatal y paraestatal en Colombia no para: en 2021 se registraron 168 líderes y lideresas sociales asesinadas y 92 masacres. Una matanza diaria ocultada por el blindaje mediático y la protección de la “comunidad internacional”. El hartazgo ciudadano que explotó por esos días podría abrir paso al primer gobierno progresista si gana Gustavo Petro en mayo próximo.

4-El personaje indeseado del año

Jair Bolsonaro copó nuevamente la agenda con sus bravuconadas y provocaciones, siendo el único presidente del mundo que mantuvo su actitud negacionista frente a la pandemia y no paró de sabotear todas las medidas de cuidado, llegando al colmo de no vacunarse. Por eso la comisión del Senado que investigó su gestión de la Covid recomendó imputarlo por “crímenes contra la humanidad”.

Un año en el que Bolsonaro, además, estuvo al filo de un autogolpe, amenazó a los jueces de la Corte Suprema, llamó a la población a armarse, difundió noticias falsas y advirtió con no reconocer los resultados de las elecciones de octubre en las que asoma el regreso de Lula, la gran esperanza latinoamericana para los próximos tiempos.

5-Cuba otra vez en el ojo del huracán

La isla vivió el 11 de julio una protesta inédita como no se daba desde el Maleconazo de 1994 y, como sucede desde hace 62 años, la maquinaria mediática mundial desplegó su artillería sobredimensionando y distorsionando los hechos. La jornada combinó el reclamo genuino de un sector de la población que salió a expresar un malestar acumulado con un caldo de cultivo fogoneado y financiado desde Washington y Miami.

Cuba atraviesa un período transicional con la lenta actualización de su modelo económico iniciada hace una década y el recambio generacional de la dirección de la Revolución. Una transición que se da con demasiado viento en contra, en medio de una crisis similar al período especial de los ´90 agravada durante la pandemia por el desplome del turismo y el recrudecimiento del bloqueo estadounidense.

6-Honduras con rostro de mujer

El 28 de noviembre Xiomara Castro arrasó con más de 15 puntos de diferencia y será la primera presidenta mujer de la historia hondureña. El progresismo vuelve al poder cerrando un ciclo de 12 años de gobiernos de derecha y comienza a repararse la herida abierta con el golpe de Estado de 2009 cuando fue derrocado su esposo Manuel Zelaya.

Castro asumirá con el 74% del país en la pobreza (es el segundo más pobre del continente), con miles de personas que migran diariamente rumbo a Estados Unidos y una situación de violencia estructural en lo que muchos llaman un “narco-Estado”.

7-Haití y el eterno castigo de su dignidad

Haití es un país invisible. La prensa cartelizada sólo se acuerda cuando lo arrasa algún terremoto o como pasó este año con un estrambótico magnicidio. El 7 de julio el presidente Jovenel Moïse fue acribillado en su casa por un grupo comando de 26 paramilitares colombianos y dos estadounidenses, hecho aún no esclarecido.

Empresario bananero, neoliberal y autoritario, Moïse le abrió la puerta al “modelo gangsteril”, a la proliferación de bandas narco-criminales creadas desde el Norte para controlar territorios, negociados y mantener sumisa a la población. Quien siembra vientos, cosecha tempestades… La espuma noticiosa duró sólo unos días y Haití volvió a ser invisible. Primer país independiente de las Américas y primero del mundo que abolió la esclavitud, Haití no es un país pobre: es un país saqueado y empobrecido. Como decía Galeano, “es un país arrojado al basural por eterno castigo de su dignidad”.

Las batallas del 2022

El año que arranca seguramente presente escenarios de mayor conflictividad social a partir del deterioro económico que se profundizó durante la pandemia. Y habrá paradas electorales en Colombia y Brasil que serán claves para el reordenamiento del mapa regional y los proyectos en disputa. Un eventual triunfo de Lula y Petro consolidaría al creciente polo progresista y abonaría el terreno para la necesaria reconstrucción de la integración latinoamericana.