La invasión de Ucrania por parte de Rusia ha pasado por un filtro de propaganda en Moscú, donde las autoridades están preocupadas de que los rusos de a pie se horroricen con las escenas de misiles que caen sobre Kiev, y han intentado alejar al público de esa incómoda verdad.

Para ello, el Gobierno ruso ha tomado medidas más allá del control habitual. Ha censurado a Facebook y ha amenazado con cerrar medios de comunicación independientes como TV Rain y el periódico Novaya Gazeta, que esta semana publicó una edición en ruso y ucraniano con el titular “Rusia está bombardeando Ucrania”. Los medios de comunicación han recibido la orden de recurrir únicamente fuentes oficiales del gobierno para su cobertura y no utilizar determinados términos para describir la operación bélica. Según el sitio web de noticias ruso con sede en Letonia, Meduza, las palabras prohibidas son: “Ataque, invasión, guerra”.

Las restricciones arrojan luz sobre la forma en que Rusia quiere controlar la imagen de su invasión de Ucrania y mostrarla a sus ciudadanos. También reflejan las medidas que el Kremlin está dispuesto a tomar, como controlar y, llegado el momento, cortar el acceso a Facebook, Instagram y Twitter. De hecho, Twitter confirmó este sábado que el acceso a la plataforma había sido restringido para algunas personas que viven en Rusia. Aseguró que estaba “trabajando para mantener” su “servicio seguro y accesible”.

Dmitry Muratov, el director de Novaya Gazeta premio Nobel de La Paz de 2021, dijo al Observer que desafiaría las exigencias de Roskomnadzor, el organismo de control de los medios, para que su periódico se autocensurara, y que sólo confiará en la información obtenida por sus reporteros y enviados especiales. Los editores de otros medios de comunicación independientes han dicho lo mismo. “La propaganda es como la radiación”, ha afirmado Muratov: “Y ya ha llegado hasta muchos medios”.

La guerra, minimizada en las televisiones rusas

Para los rusos que se conectaron a la televisión el sábado, el día comenzó como cualquier otro: tertulias, películas pasadas o un programa sobre cómo renovar una dacha. Por la tarde, cuando el conflicto escaló, los tertulianos de los programas de debate minimizaron la gravedad de la situación o negaron rotundamente que se estuviera produciendo una invasión.

Aquellas personas que se conectaron a la televisión rusa la semana pasada podrían pensar que su país sólo estaba involucrado en una pequeña operación en el sureste de Ucrania, y que el Gobierno ucraniano estaba tratando de provocar una guerra de mayor magnitud.

“Acabo de ver las noticias rusas y tengo que decir que si fueran mi única fuente, mi visión del mundo sería completamente diferente”, señala Tatyana Stanovaya, fundadora de la agencia de análisis político R.Politik. “Creo que es muy posible que apoyara a Putin y su operación militar”.

En la calle, la brecha da lugar a situaciones extrañas. En una cola del Sberbank, horas después de que Putin anunciara la operación militar, una mujer afirmó en voz alta que un amigo de Jarkov le había dicho que Rusia los “estaba bombardeando”. Otros se volvieron hacia ella enfadados, mientras uno le contestó con desprecio: “No me consta”.

Todos hacían cola para cambiar rublos por dólares, conscientes de que Rusia estaba a punto de ser castigada con sanciones y de que la moneda estaba perdiendo valor. Pero la situación aún puede empeorar: en un discurso fuera de lo normal el viernes por la noche, Vládimir Putin llamó a las fuerzas ucranianas a derrocar su Gobierno, indicando que su objetivo final es el cambio de régimen. “Parece que será más fácil para nosotros llegar a un acuerdo que con esta banda de drogadictos y neonazis”, dijo.

Protestas en Rusia contra la invasión

Los analistas militares creen que aumentan los movimientos encaminados a desplegar armas pesadas, misiles incluidos, que podría indicar que Rusia intente un asalto total a Kiev, lo que probablemente provocaría un mayor número de muertos y heridos. Es probable que esa acción vaya acompañada de una mayor presión del Kremlin para frenar el cada vez más numeroso movimiento antibélico en Rusia, donde los activistas, incluidos algunos de la élite rusa, se han manifestado en contra de una guerra que describen como un acto de fratricidio.

Ilya Krasilshchik, ex editor de medios y responsable de un popular servicio de reparto de comida por Internet, afirma que no escuchó el anuncio de Putin de una “operación especial” porque era demasiado “repugnante”. “Preferí escuchar a [Volodímir] Zelenski”, admite. “Como alguien dijo: ‘Hacía mucho tiempo que nadie hablaba al pueblo ruso con ese amor'”.

El sábado, el presidente ucraniano se dirigió directamente al pueblo ruso, agradeciendo a los que salieron a la calle para protestar contra la guerra. Mencionó expresamente a figuras conocidas del país como Muratov y el bloguero Yury Dud, e indicó que el pueblo ucraniano les agradecía su gesto. “Detengan a los que mienten”, dijo Zelenski. “Nos mienten a nosotros. Os mienten a vosotros. Y mienten al mundo entero. Tenemos que detener esta guerra”.

Es poco probable que las protestas cambien el rumbo de la estrategia política del Kremlin. Pero el hecho de que no haya consenso entre las élites rusas indica que este conflicto será diferente al de Crimea, donde el apoyo público se calcula que fue del 85%. El Centro Levada, una agencia de encuestas y de investigación sociológica independiente, informó la semana pasada de que sólo el 45% de los rusos apoyaba el reconocimiento de los territorios controlados por Rusia en el sureste de Ucrania. Se cree que son muchos menos los que apoyan una guerra a gran escala contra Ucrania.

Muchos de los rusos que protestan contra la guerra expresan sentimientos de rabia, complicidad con el pueblo ucraniano, vergüenza y miedo por el camino que está tomando el país. “Son sentimientos encontrados de rabia, furia, vergüenza, no sabes cómo expresarlos”, dice Krasilshchik: “Tu mundo se desmorona en todos los frentes. Se desmorona por dentro porque entiendes que tu realidad va a ser completamente diferente. Te remueve y te lo cuestionas todo; dudas éticas, preguntas sobre cómo vas a vivir”.

“Pero, en segundo lugar, te das cuenta de que en este momento hay gente que se siente mucho peor que tú porque está siendo bombardeada. Mis problemas… no son nada comparados con los problemas que tienen los ucranianos en este momento”, dice. “Y, en tercer lugar, ni siquiera puedes compartir estos sentimientos porque para todo el mundo eres un paria y el mal. Y tu pasaporte es el pasaporte del agresor. No sabes cómo lidiar con ese conflicto”.

Krasilshchik, que ha asistido a manifestaciones desde hace más de 15 años, señala que los problemas de Putin que afectan al país pronto se convertirán en los de todo el mundo.

“Estoy seguro de que tenemos gran parte de culpa”, afirma. “Pero no entiendo en qué momento podríamos haber hecho algo diferente”.

Muchos ciudadanos de los dos países en conflicto creen que se ha llegado a un punto de no retorno. Ilya Barabanov, un reportero ruso que cubre la guerra en Ucrania para la BBC, publicó un artículo en el que expresa que se siente de forma parecida a cómo se debió sentir un alemán que vivía en Kiev el día que empezó la Segunda Guerra Mundial. Ninguno de sus amigos le ha reprochado su actitud, pero no puede dejar de darle vueltas a un dilema moral. “Cuando termine mi labor de reportero de guerra, y cuando deje atrás el horror de la guerra y pueda irme de Ucrania ¿cómo podré volver a casa, a Rusia, a mi país, que ha hecho esto a su vecino?”, se pregunta.