La decisión de apresar a Camacho es, de lejos, la decisión política más idiota que ha tomado el gobierno de Arce. No porque Camacho sea un paladín de la democracia, o represente la libertad, o alguna otra idea similar y sin sentido. Sino por el efecto político adverso que ya tiene y tendrá: el auge del discurso regionalista reaccionario de la élite camba y su popularización entre las masas precarizadas de aquel departamento. Un discurso que ya estaba perdiendo fuerza después del paro de 2022, pero que ahora adquiere más sentido entre las personas de a pie que, como en todas partes, buscan una narrativa que les otorgue alguna certeza.

El problema es que esta narrativa tiene un contenido claramente reaccionario y potencialmente fascista. Esta no es una afirmación puramente retórica y/o descalificadora. Dos aspectos del discurso regionalista hacen de éste una propuesta fascista y profundamente reaccionaria:

1.- La imaginación del enemigo externo e interno. En este caso, el centralismo, los collas, los avasalladores y todo aquel que “traicione” a la región. Históricamente, la imaginación de una conspiración y la construcción de un enemigo, ha sido y continúa siendo la base fundamental de todo discurso fascista a nivel global. Esta noción fue y continúa siendo expresada por los dirigentes del Comité Cívico pro Santa Cruz, en particular Rómulo Calvo, pero también por el mismo Camacho.

2.- Como suplemento a lo anterior, la idea falaz de que el enemigo, externo e interno, atenta contra un orden social armónico (o lo que los analistas liberales tienden a caracterizar como “tejido social”). Esta idea, que suele ser más disimulada, fue expresada literalmente por el dirigente de la FEPSC, Jean Pierre Antelo, en el video que circuló en redes y noticieros el 3 de enero: “En la defensa del Estado del derecho, cada uno tiene un rol, cada uno tiene que contribuir desde su lugar”.

Esta afirmación, aparentemente institucionalista e inocua, esconde un aspecto central del discurso fascista corporativo: la idea de que existe una sociedad armónica, es decir, donde no existen contradicciones ni clivajes (nada más alejado de cualquier realidad moderna-capitalista), que es perturbada por el enemigo. Este razonamiento fue utilizado por el nazismo en Alemania, apelando a la identidad germana en defensa de un orden social profundamente estamental. Y, paradójicamente, por el Estado Chino actual, que desde hace algunas décadas se decidió sustituir el discurso marxista de la “lucha de clases”, por el concepto confucianista y proto fascista de “sociedad armoniosa”.

En el caso de Santa Cruz, es un discurso profundamente peligroso, porque se trata del departamento más desigual en términos socioeconómicos del país. Los grandes conglomerados del agronegocio concentran la mayor cantidad de activos de la historia económica reciente del país (algo poco evidenciado y muy bien disimulado). Mientras tanto, la inmensa mayoría de la población trabajadora se dirime entre trabajos relativamente estables mal pagados, trabajos precarios y la economía informal. La brecha socioeconómica en el departamento es tan obscena que ni siquiera podemos prefigurarla.

Por lo mismo, el hecho que el discurso regionalista, que en realidad es pro-empresariado privado, logre construir un relativo consenso entre la población del departamento y de otras regiones del país es, literalmente, una desventura política. Pero es precisamente lo que parece estar pasando ahora. El segundo aspecto peligroso del regionalismo que, no obstante, también ha adquirido fuerza en los últimos días es la consigna del federalismo que, además, acompaña un razonamiento económico falaz y reaccionario (o lo que en algunos espacios pseudo-eruditos se conoce como “libertarismo”).

Detesto profundamente los mantras simplones como “el que no conoce su historia está condenado a repetirla”, sin embargo, éste en particular se hace necesario ahora. Ya hubo una demanda de federalismo en Bolivia que, en realidad, no buscaba federalismo: la de La Paz en 1899. La Guerra Federal no fue otra cosa sino un conflicto intra-élites económicas, por el control político del centralismo. La demanda federalista de Santa Cruz es la misma cosa. Por lo tanto, lo que corresponde es desnudar su hipocresía.

En el video citado anteriormente, el mismo Jean Pierre Antelo advierte sobre posibles “restricciones” y “cupos” a la economía empresarial cruceña (aunque Antelo es mucho más explícito en su caracterización y se refiere a las ‘familias empresarias’), y señala que “quieren meter sus manos en nuestros bolsillos”. Lo cierto es que no existe sector que tenga las manos más metidas en los bolsillos del Estado boliviano, que el empresariado privado de Santa Cruz.

Esto inicia en la década del 70, 1.- con la inversión pública en el oriente, que provenía, por ejemplo, de los recursos fiscales generados por la minería del estaño en el occidente; 2.- con los grandes préstamos que contrajo el gobierno dictatorial de Banzer para favorecer al agronegocio y que, en última instancia, fueron la base para la crisis financiera de la UDP. En la actualidad, esta relación de dependencia del Santa Cruz en el centralismo continúa a través de, por ejemplo, la compra de bonos de empresas privadas por parte del gobierno central (con plata de los fondos de jubilación de los bolivianos); las políticas de ampliación de la frontera agrícola; y, fundamentalmente, con el subsidio al diésel, que es clave para la economía de los conglomerados empresariales del oriente.

El problema principal de esta relación de dependencia, que la élite camba quiere negar, es que reciben y reciben, y no devuelven nada. El gobierno central invierte en el agronegocio con la esperanza tonta de generar recursos fiscales, pero el agronegocio literalmente invierte esa plata en acaparar tierra e inflar su precio, para especular en los mercados financieros. El departamento que más diésel subsidiado consume en el país es Santa Cruz, seguido por Oruro, sobre todo para el consumo del agronegocio (camionaje y maquinaria). En suma, los mitos del “self-made” empresario cruceño y del departamento próspero que se hizo a sí mismo, son las mayores falacias de la historia social y económica contemporánea del país.

La mano de los empresarios cruceños está tan metida en el bolsillo del Estado central, que el paro del 2022 (que redujo el consumo de diésel en Santa Cruz) literalmente nos salvó del colapso económico (por poco y nos quedamos sin reservas fiscales en diciembre). Pero este es tema o chisme urgentísimo, para otra conversación. El punto central acá es señalar que, literalmente, Santa Cruz (o lo que la élite cruceña imagina como Santa Cruz) no existiría sin el “maldito centralismo”.

Entonces, ¿por qué están luchando las élites cambas? Hace un par de años escribí un ensayo titulado ¿Qué pasó América? De la marea rosa a la venganza de los fachos, donde argumentaba que el retorno de la política reaccionaria (Macri y Bolsonaro) en la región se debió, en gran medida, a las políticas condescendientes de los gobiernos de la “marea rosa” (izquierda ligh, descafeinada o pseudo izquierda) para con las clases económicas dominantes. En ambos casos, Argentina y Brasil, los gobiernos ‘progres’ les dieron la mano a las élites económicas cuyos modelos de negocio consisten literalmente en beneficiarse de recursos públicos, y éstas se les subieron hasta la cabeza.

Desde luego, ya sabemos lo que pasa cuando estas élites económicas toman el control de la política. Elaboran políticas públicas que favorezcan su enriquecimiento obsceno; atacan con vehemencia a las políticas de bienestar social; promueven agendas políticas y culturales reaccionarias; y se hacen favores a costa de las mayorías. Considerando esto, es importante enfatizar que la lucha de regionalista (ya sea aparentemente autonomista o federalista) de Santa Cruz no tiene que ver con una mayor democratización, ni libertad. Es, principalmente, una lucha en beneficio de las élites económicas de ese departamento.

El problema, nuevamente, es el empuje innecesario e innegablemente impensado del gobierno a esa demanda, al otorgarle un «proto-mártir». Dicho sea de paso, el proto-mártir más impresentable de todos. ¿Qué tenían en la cabeza los estrategas del gobierno? Claramente nada o muy poco. Ahora, no solamente tienen una víctima, sino que la conducción de la política departamental está, nuevamente, en manos del Comité Cívico pro Santa Cruz, el principal bastión del reaccionarismo cruceño cuyo origen, además, es el falangismo.

Incluso los miembros de la élite cruceña «amigos» del gobierno (en la CAO, CAINCO y FEPSC), aprovechan la coyuntura para «unirse» a la, en apariencia justa, causa regionalista. Lo hacen invocando conceptos como «Estado de derecho», «democracia», «libertad», y presentándose como ciudadanos notables e impolutos. Sin embargo, no existe nada más antidemocrático que el acaparamiento grotesco de oportunidades y de recursos que llevan a cabo, la ausencia absoluta de transparencia en la forma en que llevan a cabo sus negocios, y la lógica de organización política que promueven.

En consecuencia, asistimos, nuevamente, al auge de la política reaccionaria en el país. Una política reaccionaria que está siendo capitalizada por una élite rancia que espera su momento para imponer su agenda política y económica. Y, los problemas serios (urgentísimos), como la situación económica degradada, o el aumento de la precariedad laboral y la incertidumbre, son nuevamente postergados, detrás de una telenovela abyecta que, para colmo de males, es reducida por los analistas a un tema de “polarización”, “ruptura del tejido social”, o “crisis de la democracia”, entre otros lugares comunes.